LA LLEGADA A TIERRAS GERMANAS
⊆ 15:42 by Kichiaya | ˜ 7 comentarios »Mientras iba en el avión pensaba en Kristina, mi buddy (una persona universitaria que se pone en contacto con el erasmus que le asignen para ayudarle a su llegada, con los papeles, integrarse...), porque ChicoFriki y yo llegábamos un sábado y el Señor Conserje no trabaja, con lo cual tuvimos que mandar un poder para que Krystina recogiera las llaves de nuestro "apartamento" y confiar en que ella apareciera para recibirnos y dárnoslas.
Mi nivel básico de alemán bastó para preguntar cómo llegar al punto señalado de encuentro con Annika. Cuando llegó, flipé, era guapísima, una pequeña belleza bárbara de piel blanca y pelo de color oro, montada en bicicleta. Todo fue bien hasta que abrió la boca y habló en español. Tuve que contenerme la risa porque verdaderamente no me esperaba ver a una alemana hablándome en "español de Ecuador" en Alemania. Al poco tiempo descubrí que el español que todo el mundo habla aquí es el de Sudamérica.
Lo cierto es que no le hacía mucho caso a lo que me decía. Yo iba con dos maletones, la bandolera y la intuición de que todos querían robarme, mientras estábamos llegando a nuestra residencia vi un complejo enorme con torres que echaba humo. "Una fábrica"-pensé-, pero por primera vez atendí a Kristina con la frase que me dejó estupefacto: "Bueno pues, aquí desde su casa tienen vistas a la prisión". (*_*), pero no una cárcel cualquiera, no, es un recinto de seguridad de la ostia, que si un preso se escapa al primer sitio donde va es mi residencia, que está en frente. En fin, la primera noche me acosté un poco acojonado pero ahora me hace gracia, además es una zona muy transitada por gente.
Cuando llegamos al apartamento lo encontramos super limpio, pero limpio en estricto sentido de la palabra porque no tenía NADA, xD. Bueno, el baño estaba amueblado, y en cada habitación había una cama, un escritorio, dos sillas, armario y estantería. La "mini-cocina" consta de una mininevera, unos cajones, fregadero y dos hornillos. En el contrato que habíamos firmado decía que había toallas, platos, sábanas y nosotros no llevamos nada de España. Cuál fue mi sorpresa cuando me dio un apretón y descubrí que no había papel higiénico...
Nos fuimos al Kaufland (como un Mercadona alemán) y fundimos la tarjeta de crédito. Tanto la fundimos que apenas me queda dinero hasta final de mes, así que acepto bocatas de lo que sea, xD.
Mi nivel básico de alemán bastó para preguntar cómo llegar al punto señalado de encuentro con Annika. Cuando llegó, flipé, era guapísima, una pequeña belleza bárbara de piel blanca y pelo de color oro, montada en bicicleta. Todo fue bien hasta que abrió la boca y habló en español. Tuve que contenerme la risa porque verdaderamente no me esperaba ver a una alemana hablándome en "español de Ecuador" en Alemania. Al poco tiempo descubrí que el español que todo el mundo habla aquí es el de Sudamérica.
Lo cierto es que no le hacía mucho caso a lo que me decía. Yo iba con dos maletones, la bandolera y la intuición de que todos querían robarme, mientras estábamos llegando a nuestra residencia vi un complejo enorme con torres que echaba humo. "Una fábrica"-pensé-, pero por primera vez atendí a Kristina con la frase que me dejó estupefacto: "Bueno pues, aquí desde su casa tienen vistas a la prisión". (*_*), pero no una cárcel cualquiera, no, es un recinto de seguridad de la ostia, que si un preso se escapa al primer sitio donde va es mi residencia, que está en frente. En fin, la primera noche me acosté un poco acojonado pero ahora me hace gracia, además es una zona muy transitada por gente.
Cuando llegamos al apartamento lo encontramos super limpio, pero limpio en estricto sentido de la palabra porque no tenía NADA, xD. Bueno, el baño estaba amueblado, y en cada habitación había una cama, un escritorio, dos sillas, armario y estantería. La "mini-cocina" consta de una mininevera, unos cajones, fregadero y dos hornillos. En el contrato que habíamos firmado decía que había toallas, platos, sábanas y nosotros no llevamos nada de España. Cuál fue mi sorpresa cuando me dio un apretón y descubrí que no había papel higiénico...
Nos fuimos al Kaufland (como un Mercadona alemán) y fundimos la tarjeta de crédito. Tanto la fundimos que apenas me queda dinero hasta final de mes, así que acepto bocatas de lo que sea, xD.
